Su vida siempre estuvo ligada al fútbol. Se dio el gusto de jugar en Primera B, en Español y Tristán Suárez. Debutó en 1998 como lateral izquierdo, hasta que entendió (o entendieron los entrenadores) que no merecía más chances en los equipos titulares. Se probó sin suerte en Atlético de Madrid y en distintos equipos del ascenso italiano, hasta que encontró su lado violento y siguió en el fútbol, aunque esta vez como barrabrava.
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