Radio Perspectiva de Clase

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lunes, 5 de noviembre de 2012

Demoledora declaración del obrero torturado en Campomar


por Lisandro Martinez
(Kaos)      
Antonio Marcelino Vargas trabajaba en el Taller Fomex (metalúrgica y repuestos de automotores), que tenía dos entradas: una por calle Molinedo y otra por Chiclana que daba a la Fábrica Textil Campomar; trabajaban allí 45 obreros y Vargas lo hacía desde 1968 cuando tenía 14 años.
En 1976 se desarrolló una pelea entre Lorenzo Miguel y José Rodríguez por los afiliados que trabajaban en la industria de autopartes. En 1977 en Fomex los compañeros promocionan a Vargas como su representante; los obreros tenían una serie de reclamos, el más importante el salarial y luego la posición que debían adoptar en su encuadramiento en la UOM o en el SMATA. En este caso Luis Guerrero, Secretario General de la UOM, había colocado a un hombre de la burocracia llamado Montaldo para que controlara a Fomex que no tenía delegado. “Montaldo se presenta en la lucha, nos avala la lucha, nos apoya en la lucha, nos mantiene la lucha y él nos denuncia a nosotros” (A.M.Vargas).
Antonio, que militaba en la Juventud Peronista, recordó ante la CFA que “a mediados de1977 desaparece un compañero de él, Jorge Aldai, que trabajaba en una fábrica a cuatro cuadras de Fomex llamada Carlos Calvo, dedicada a producir maquinarias para la construcción donde Jorge era delegado, creo que fue el primero que desaparece del barrio y entonces empiezo a tomar conciencia de eso”.
El 20/12/1978 con 24 años “salgo de trabajar y cuando llego a Remedios de Escalada estaban pidiendo documento, no tenía documento pero tenía el sobre porque ese día había cobrado, apenas doblo, me paran. Bajan dos soldados del Ejército, había una camioneta y dos coches de civiles. Yo digo, “no tengo documentos” y el que me pide documento me conoce... porque siempre venían a pedir extremos u otros repuestos, paragolpes o faros a la fábrica, yo era conocido del oficial Leper de la Policía que estaba de civil, él me saca el sobre con la plata y el recibo. Le digo adonde trabajo, que él me conocía y todo. Me meten en el Chevrolet 400 de Leper por la ventana, adelante iba la camioneta del Ejército, me encapuchan y me van sacando la ropa que van tirando, yo quedo desnudo. Después de todo esto me doy cuenta que adonde estuve fue en la fábrica Campomar. ¿Por qué? Porque por Chiclana chocaba la calle con Campomar y al mediodía cuando parábamos para comer jugaban a la pelota, yo no juego pero miraba y una vez olfatee que la pelota tenía olor a orín y el orín venía de la fábrica. Le comenté al encargado “mire, ¿esto no está abandonado -Campomar- que mierda sale de ahí?”; me dijo “mirá que la pelota no caiga ahí porque los van a cagar a tiros” y bueno pasó así.
“De eso siempre me acuerdo, por eso después cuando yo salí, vuelvo y veo y sí, yo estuve ahí. ¿Por qué estuve ahí? Porque me acuerdo del portón. Ellos me tenían encapuchado pero sentía cuando abrían un portón y me di cuenta que era de chapa galvanizada cuando le ponían cadena y candado y está todavía... hasta ahora está el portón. Está la fábrica abandonada todavía. Ahí me hacen el simulacro de fusilamiento, el Oficial de Policía Lamagna que era el que mandaba. Y un Oficial del Ejército que decía: “ponelo contra la pared”. ¿Por qué digo del Ejército? Porque yo tenía la capucha pero veía por abajo las botas de soldados y los policías estaban de civil. Durante un tiempo no vi a nadie pero sabía que había más gente. Tuve torturas terribles donde me preguntaban por el hermano de Juan Zapata, Tito Zapata. Me preguntaban por Ana Nélida Monzón del ERP que trabajaba en la fábrica Lanin de envases de hojalata, donde trabajaban muchas mujeres.”
“A todo esto, mi familia me buscaba por todos lados mientras un tío de mi mujer, Pedro José Morel, estaba en la Policía y era de un grupo de tareas. El siempre le decía a mi compañera que yo tenía que estar en la 3ra. de Alsina, ahí nunca estuve. Yo me doy cuenta cuando llego a la Comisaria 5ta de Villa Diamante, allí me torturaron en un primer piso. Justo cuando me llevaron a la 5ta una vecina estaba haciendo un trámite, me reconoció y se lo dijo a mi mujer. Yo ya estaba muy torturado, muy quemado con el pene perforado, una infección y me habían metido un fierro en el oído. Luego me trasladaron a la 2da. de Lanús donde me metieron en un nicho junto con otro que le decían el Pato Cambón que era del barrio Los ceibos; en la 2da. había nichos como el de los muertos”.
“Lamagna, Leper y Velázquez (que vive sobre Warnes, entre Potosí y Pavón) fueron torturadores dentro de Campomar y pertenecieron o pertenecen a la Comisaría 3ra. de Valentín Alsina”.
(Tomado de la Declaración testimonial de A.M.Vargas, en la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, 24/8/2011)
La declaración de Antonio deja en claro que, además de ser Campomar un Centro Clandestino de detención, tortura y fusilamiento, los represores habitan tranquilamente en Lanús y los burócratas sindicales entregadores de la vanguardia obrera continúan dirigiendo la CGT, entre otros Juan Belén quien acompañó la intervención genocida desde la UOM y Gerardo Martínez de la UOCRA, un servicio del 601. Luego ocupan bancas en los Concejos Deliberantes los que denunciaron a los milicos quienes eran los activistas en Chrysler/Volkswagen de Chingolo y en otras fábricas y talleres de Lanús.
La “Comisión de Vecinos de Lanús por Memoria, Verdad y Justicia” ha dado un paso adelante enorme que no tiene vuelta y puso en crisis a todo el arco político encubridor.
La Comisión de Vecinos debería impulsar una Comisión investigadora independiente, reclamando que se abran los archivos de la Municipalidad y de las Comisarías, recogiendo los testimonios de sobrevivientes, familiares y testigos.
En Lanús desaparecieron Comisiones Internas y activistas gremiales; la primera responsabilidad que hay que revisar es la de aquellas patronales que armaron las listas de desapariciones junto con los burócratas sindicales de aquella época.
Para los que siguen diciendo que en Campomar no pasó nada, el 3/11/2012 se acercaron a la Comisión más vecinos que quieren testimoniar.
Los crímenes de lesa humanidad no proscriben.