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lunes, 9 de septiembre de 2013

Las ideas inmortales de Lenin: El Imperialismo, etapa superior del Capitalismo, otra obra clave del Gran Revolucionario Ruso

(Colectivo Avanzar)
Lenin escribió El imperialismo, etapa superior del capitalismo en Zurich (Suiza) entre enero y julio de 1916. Se  publicó por primera vez en Petrogrado en abril de 1917. El trabajo de Lenin sigue conservando una increíble actualidad. Decía Lenin en 1916: “El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países “avanzados”. Este “botín” se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón) que por el reparto de su botín arrastran a su guerra a todo el mundo”. Dice Lenin que el imperialismo es la fase superior y última del capitalismo, que comenzó a fines del Siglo XIX y comienzos del XX.
Señaló los siguientes cinco rasgos principales del imperialismo: la concentración de la producción y del capital, que condujo a la formación de los monopolios que desempeñan un papel decisivo en la vida económica; la fusión del capital bancario con el industrial y la formación sobre esta base del "capital financiero" y de la oligarquía financiera; la exportación del capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere un significado particularmente importante; la formación de las uniones monopolistas internacionales de los capitalistas, que se reparten el mundo y la culminación de la división territorial del mundo entre las mayores potencias capitalistas.
La esencia económica y el rasgo principal del imperialismo, afirma Lenin, es la sustitución de la libre concurrencia por el dominio de los monopolios. Los monopolios establecieron su dominio absoluto sobre la economía y la política de los más grandes países capitalistas. El dominio de los monopolios capitalistas en la vida económica es completado por su poder omnímodo en la política. Los monopolios someten a su arbitrio el aparato del Estado y lo utilizan en su beneficio. El imperialismo es el capitalismo parasitario, putrefacto y moribundo. Lleva hasta los últimos límites la contradicción entre el trabajo y el capital, entre los diversos estados imperialistas y entre los estados imperialistas y los países coloniales y dependientes. 
Esta obra es la continuación directa de El Capital de Marx. Lenin estudia la evolución del capitalismo en una época nueva, la del imperialismo. Y muestra que el imperialismo es la última fase, la fase superior del capitalismo. En los seis primeros capítulos, Lenin analiza los cinco rasgos principales del imperialismo.
La libre competencia que dominaba bajo el capitalismo premonopolista ha desembocado en la concentración de la producción y en la centralización del capital. Los monopolistas han comenzado a desempeñar un papel preponderante en la economía; tal es el primer rasgo del imperialismo. La producción se ha concentrado hasta tal punto, que la dominación de los monopolios no significa sin embargo, que la crisis, la competencia, la anarquía y las demás plagas del capitalismo sean suprimidas. Al contrario, los monopolios aumentan el caos y la anarquía propios de la producción capitalista en general.
La concentración de los bancos y la formación de monopolios bancarios los han transformado, de intermediarios a monopolistas omnipotentes del mercado financiero. Como consecuencia de la fusión de los mayores bancos y de los monopolios industriales, aparece el capital financiero que constituye el segundo rasgo del imperialismo. La exportación del capital, paralelamente a la exportación de mercancías, se ha convertido en manifestación típica del capitalismo imperialista. En pos del beneficio máximo, el capital se precipita hacia los países donde puede encontrar mano de obra y materias primas baratas. 
La exportación de capital, al imponerse sobre la exportación de mercancías, marca con el sello del parasitismo al país que vive de la explotación del trabajo de otros países y de las colonias; acentúa entre los países capitalistas las contradicciones y la lucha por las esferas de aplicación del capital. Tal es el tercer rasgo del imperialismo. El cuarto reside en esto: los grupos de monopolios se reparten en primer término el mercado nacional, a lo que sigue el reparto económico del mercado capitalista mundial entre las grandes asociaciones de monopolios internacionales. Todo lo cual desemboca en una acentuación de la competencia en el seno de las asociaciones monopolistas internacionales, resta solidez a los acuerdos entre monopolistas dentro de esas asociaciones y provoca entre ellos la lucha por el reparto de los mercados.
El reparto económico del mundo entre los grupos de monopolios más poderosos se halla íntimamente ligado al quinto rasgo del imperialismo: la terminación del reparto territorial del mundo entre los Estados imperialistas y la lucha por su redistribución, por la conquista de tierras extranjeras. En consecuencia se desencadenan guerras imperialistas que arrastran dentro de su órbita a casi todos los países capitalistas y pueblos. La lucha por la redistribución del mundo toma la forma de una lucha por el dominio mundial de un grupo de estados imperialistas o en un solo país capitalista, el más poderoso. Lenin analiza al imperialismo desde una perspectiva optimista, como una etapa de transición hacia un sistema socialista. Así, la única superación posible es la expropiación de los medios de producción y su organización en función de los intereses de la inmensa mayoría de la población. Para lograr esa transición es necesaria la acción consciente, organizada y revolucionaria de las masas para derrocar el dominio del capital sobre la sociedad.