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domingo, 15 de septiembre de 2013

Reunión del G-20: crisis mundial, ¿qué crisis?

(ANRed)
Los objetivos declarados de la nueva reunión del G-20 que se realizó la semana pasada eran claramente económicos, aunque esta vez tuvo cierto sesgo social. Sin embargo la posibilidad de un ataque de Estados Unidos a Siria desplazó esos objetivos. Finalmente el cónclave, como los anteriores, terminó con declaraciones formales, sin que se tome nota de la verdadera dimensión de la crisis. Por Eduardo Lucita.*

Por ANRED - C (redaccion@anred.org)

Agenda

San Petersburgo -ex Stalingrado- fue la ciudad rusa que albergó hace algunos días a los presidentes de las naciones que conforman el llamado Grupo de los 20, (el G-8 más algunos países emergentes). Su convocatoria planteaba el desafío de cómo, en el marco de la actual crisis mundial, se pueden promover medidas de estímulo a la producción y a la inversión, lo que incluía el debate acerca de si la flexibilización laboral favorecía o no la creación de empleo.

En las reuniones previas la delegación Argentina fue de las que más bregó por incluir la importancia de estimular la producción y los mercados internos como contraposición a las políticas de ajuste estructural, por la necesidad de crear empleo y por caracterizar de manera más peyorativa los llamados "paraísos fiscales". Esto se logró, e implicó un cambio cualitativo objetivo en la declaración final. Claro que no son más que declaraciones sin ninguna disposición vinculante.

No obstante estos contenidos resultaron totalmente opacados por la inminencia de un ataque de los EEUU a Siria, con el argumento de que el gobierno habría utilizado armas químicas contra la insurgencia rebelde, con un saldo de más de mil civiles muertos.

Perspectivas diferentes

Así el conclave fue fundamentalmente político y obligó a posicionarse a los distintos países frente a la inminencia de la crisis militar, que puede llevar a un nuevo incendio en Medio Oriente. Los esfuerzos, y el fracaso, del presidente Barack Obama por conseguir apoyo internacional para una nueva aventura militarista dejó expuesta con crudeza las distintas perspectivas de los integrantes del G-20. Están quienes se oponen totalmente a la intervención militar y abogan por una solución política, los que la condicionan a lo que dispongan las Naciones Unidas y los que apoyan sin cuestionamiento alguno la ofensiva armada. Estas distintas perspectivas no son ajenas a como se perciban los intereses del complejo militar industrial de EEUU y el interés geopolítico de limitar o condicionar el avance de Rusia y China en el tablero mundial.

Cuestionado

El unilateralismo de los últimos años, que llevó a EEUU a la categoría de un hegemón, resultó seriamente cuestionado. Tanto en lo económico como en lo político, el poder se va diseminando hacia un esquema multipolar, mientras que la presidencia del país del norte parece querer regresar a un unilateralismo que ya nadie reconoce. En ambos planos se acumulan evidencias que las diferencias entre los países se agrandan más allá de acuerdos generales, meramente declarativos que no conducen a ninguna parte. Nadie duda de la hegemonía militar de EEUU, pero es inocultable que su liderazgo se ha debilitado y esta situación está arrastrando la credibilidad del presidente Obama, incluso dentro de las fronteras de su propio país.

Al momento de cerrar este artículo una propuesta de Rusia, con el aval iraní, de control internacional de las armas químicas que posee Siria sería aceptada, con lo que el peligro no ha desaparecido pero la situación aparece más distendida.

Las dimensiones de la crisis

Esta nueva aventura militarista de la potencia norteamericana, que se asume como el "gendarme mundial", tiene como trasfondo la crisis que, sin solución de continuidad, se desenvuelve desde 2007-2008 y cuyo contenido aparente es esencialmente económico. Se la ha caracterizado como producto de la desregulación financiera, de la excesiva libertad a los movimientos de capitales y de la ambición de banqueros y financistas varios. De ahí que la única decisión concreta del G-20 desde sus inicios a la fecha fue reforzar al FMI, quien fue precisamente el principal agente de la desregulación financiera. Al G-20 no se le ocurre que en la base de la crisis está la sobreacumulación de capitales, menos aún que se trate de una crisis de sobreproducción. Pero esta crisis mundial tiene características multidimensionales, no es solo económica-financiera, es también alimenticia, energética y ambiental. Combina grandes hambrunas, el consumo irracional de combustibles fósiles y el calentamiento global que amenazan la existencia misma de la humanidad.

Sinergia negativa

Analistas e investigadores coinciden en que hay una estrecha relación entre Cambio Climático y precio de los alimentos. Es la concentración de gases del efecto invernadero que cambia el clima y esta transformación impacta en las producciones agrícolas. Así millones de personas están en el límite la "inseguridad alimentaria" -categoría que identifica a las personas que carecen de un acceso seguro a una cantidad suficiente (1800 kilocalorías al día) de alimentos y nutrientes para un crecimiento y desarrollo normales y una vida activa y sana- y el fantasma de las hambrunas vuelve una y otra vez. A su vez este panorama no es posible comprenderlo sino se toma nota del modelo productivo actual y el consumo energético irracional que de el se desprende. Se trata en realidad de una sinergia negativa.

Solo un par de datos. El consumo mundial de energía se ha triplicado desde 1965, la concentración de dióxido de carbono (CO2) ya supera las 400 partes por millón y los combustibles fósiles son la fuente principal de energía que impulsa la maquinaria capitalista y... la mayor fuente de emisiones de CO2.

De todo esto el G-20 no se da por enterado a pesar de que todavía resuenan con fuerza las palabras con que el secretario general de Naciones Unidas, Ban ki-Moon, inauguró en junio del 2012, la Segunda Cumbre de la Tierra (conocida como Río+20): "El tiempo es el recurso más escaso que tenemos" y "Se acaba el tiempo para salvar el mundo".

Estas dimensiones de la crisis son menos visibles que la económica, pero más profundas y colocan toda posibilidad actual de alternativa en un callejón sin salida. Cambiar la matriz productiva mundial, las formas de comercialización y sobre todo el orden social existente está hoy mas vigente y más necesario que nunca antes.

*Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda