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domingo, 10 de junio de 2012

Periodismo: el desafío de romper la polarización (Argentina)


El desafío del periodismo y de los medios
Para pensar y debatir 
por Roberto Bellato
Se puede decir mucho sobre el periodismo y qué rol tiene en la sociedad, pero no se puede desmentir la idea de que el periodismo es una forma de intervención política. El resto depende de las relaciones de fuerzas de cada cual. 
El tema volvió a tomar importancia en la agenda pública después de la entrega de los premios Martín Fierro, donde algunos periodistas aprovecharon sus discursos para opinar sobre el momento actual del periodismo. Desde el atril de dicho evento se pidió por un periodismo “con libertad para preguntar”; por uno “comprometido con reflejar la verdad”; se dijo que este es un “momento realmente complicado para hacer periodismo”; se bregó por un periodismo que “tiene el deber de defender las instituciones del país”; se promovió uno que haga respetar “la justicia para todos los argentinos”; se instó a que el periodismo “debe preguntarle al poder político, pero también al poder económico”, entre otras tantas cosas.
En este caso no importa mucho el lugar concreto donde comenzó este nuevo debate sobre este viejo tema. ¿Acaso importa que haya surgido de los Martín Fierro? Lo que sí queda claro es que el debate está instalado y circulando por los medios y por las redes sociales.
Y rápidamente se armaron los equipos. Por un lado tenemos a los periodistas que todavía defienden la palabra “independiente” con una seriedad forzada propia de conductor de noticiero televisivo. Estos se caracterizan por ser opositores al Gobierno nacional. Hay para todos los gustos; golpistas, ingenuos, conservadores, operadores profesionales, etc. Principalmente son los editorialistas o las voces “importantes” que trabajan en los oligopolios mediáticos del país. En un momento donde el ejercicio periodístico aparenta ser tan polarizado, a todos éstos podríamos ubicarlos juntos en éste sector.
Del otro, tenemos a los periodistas que, poco a poco, fueron encontrando argumentos para explicar que lo suyo es el periodismo oficialista y militante. Estos son los que se alinean, un poco más o un poco menos, detrás del Gobierno nacional. Tenemos aquellos que lo hacen más abierta y explícitamente y los que lo hacen de un modo menos llamativo. De todas formas, fueron encontrando argumentos para defender absolutamente todos los “ataques” que los periodistas del otro sector promueven diariamente al poder ejecutivo.
Mientras tanto, estos 2 equipos siguen enfrentándose diariamente en programas de radio, en notas de medios gráficos, en programas de televisión por cable o públicos; da igual. Así van transcurriendo los días. Y llegamos a un momento donde son moneda corriente las operaciones de prensa. De un lado y del otro. Las acusaciones y las desmentidas pasan de largo en apenas minutos. Las denuncias públicas son respondidas con otras denuncias públicas. En el terreno de materiales de archivo se sacan chispas; los dos sectores son especialistas. Editorial va, editorial viene. Unos acusan a otros de medir con distinta vara los sucesos de la actualidad. Ante los hechos de violencia que sufrieron periodistas en estas últimas horas (que repudiamos rotundamente), unos tildan a los otros de no solidarizarse como corresponde. Y los otros contestan que sí lo hicieron. Ambos utilizan las mismas herramientas para descalificar al otro. Ambos utilizan sus medios de comunicación para intervenir en la coyuntura política para instalar un relato que beneficie los intereses que, de alguna u otra forma, están representando. A su modo, y con sus propias particularidades, ambos hacen lo mismo.
Esta podría ser una foto (que recorta y construye la realidad con una intención) del momento actual del campo periodístico. De un lado los periodistas de “la corpo” y, del otro, los “obsecuentes del periodismo militante”. Pero como en toda foto, al recortar una porción se excluye el resto. Por supuesto que esta polarización existe. Inclusive, hoy aparece como la principal disputa en relación al escenario político nacional. O por lo menos la más clara que enlaza al resto de los temas de la agenda pública. Desde ya que esta polarización existe.
Pero, como dijimos más arriba, lo que excluye esta foto (que está recortando éste mismo artículo) no significa que no exista. La intención de esta nota es poder reflexionar, teniendo en cuenta el escenario anteriormente descrito, sobre el periodismo que no forma parte de estos dos grandes grupos o, por lo menos, que no le hacen el juego a sus intereses.
Desde los medios de comunicación hegemónicos existen los trabajadores de prensa, que están por fuera de la lógica de la polarización, como actores que también juegan en el campo periodístico. Es precisamente este momento donde, por ejemplo, se están organizando comisiones internas en diarios donde no hubo nunca o donde no hay desde hace mucho tiempo. Son los trabajadores de prensa quienes organizaron el día de ayer, día del periodista, que no salga firmada ninguna nota por los reclamos gremiales a las distintas patronales de los medios (de cualquiera de los 2 principales grupos). Son los trabajadores de prensa organizados quienes logran que se hagan oír voces que escapan a las líneas editoriales en los medios hegemónicos. Es desde la organización gremial de los trabajadores de prensa por donde se puede superar la censura y la autocensura. Sólo organizados y con voz propia, los trabajadores de prensa pueden diferenciarse de los periodistas-ideólogos que suelen aparecer en televisión o en grande editoriales domingueras.
Pero además de los trabajadores de prensa de los medios hegemónicos, también existen los periodistas que ejercen desde un lugar distinto al de los otros dos grupos. Existe un periodismo comprometido y militante, pero que no tiene nada que ver con militar un argumento indefendible hasta el hartazgo. No tiene nada que ver con ejercitar el argumento previsible de defensa a ultranza de la realidad una y otra vez. No tienen nada que ver con barrer bajo la alfombra la mugre porque es mejor eso que hacerle el juego al otro periodismo; al de “la corpo”. Este periodismo del que estamos hablando, crítico, comprometido y militante, no escapa a la realidad social que menos le conviene. Porque justamente está organizado desde esa realidad. Es el periodismo que no tiene límites para investigar y preguntar porque no está dentro de esa polarización y una investigación periodística no lo hace entrar en contradicción. Es el periodismo que no se deja tentar por la idea de “independencia”, porque sabe que no existe. No existe el periodismo independiente. Siempre se depende de algo o alguien. Y este periodismo, que podemos llamarlo alternativo o popular o como queramos, es un periodismo dependiente, porque depende del lugar desde dónde se para como única razón para existir. Y se para del lado de los sectores que no tienen voz propia. El lugar que elige este periodismo tiene que ver con estar del lado de los sectores excluidos, olvidados y de los que la historia oficial (y las políticas concretas) han silenciado.
Hoy este tipo de periodismo tiene grandes desafíos. Por un lado, si quiere romper con la polarización va a tener que crecer y, sin pisar ningún palito, poder instalarse como otra forma de hacer periodismo. Más allá de las dificultades del propio camino, éste tipo de periodismo debe construirse como un discurso válido de cara a la masividad; no puede escapar a éste objetivo. Por otro lado, debe romper con estigmas que lo ligan al panfleto en sí mismo. Pero para esto debe tener la capacidad de superar propositivamente éste estigma y esto no se puede realizar sin un trabajo riguroso, cotidiano, original, serio y profundo del tratamiento de las noticias y de la propia práctica periodística.  
Los llaman fiscales, cuarto poder, voceros del poder, voceros del gobierno, fracción misma del poder, alternativos, populares, de la Corpo u oficialistas, garantes de las instituciones, generadores de opinión, constructores de realidad, etc. etc. etc.
Se puede decir mucho sobre el periodismo y qué rol tiene en la sociedad, pero no se puede desmentir la idea de que el periodismo es una forma de intervención política. El resto depende de las relaciones de fuerzas de cada cual.