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miércoles, 26 de marzo de 2014

Misiones: Aislados y rodeados de veneno

niniomisionesEn San Antonio, en Piñalito Norte, en Colonia Aurora, como en otras tantas chacras misioneras hacia el río Uruguay, la pobreza y las distancias se unen con la producción de tabaco, los agrotóxicos y las deformaciones severas en hijos de colonos. Se realizará un nuevo censo para saber cuántos discapacitados hay en la región

Piñalito Norte, San Antonio y Alicia Baja, Colonia Aurora (enviados especiales).
San Antonio está 384 kilómetros al norte de Posadas. Es uno de los municipios donde los colonos viven gracias a la producción de tabaco. Piñalito Norte, unos 30 kilómetros más al norte todavía, es uno de los poblados de ese municipio donde viven un poco más de 100 familias, y prácticamente todas también viven gracias a las plantaciones de tabaco.

Algunas incluso se dividen el tiempo y las tierras para sembrar soja y maíz, aunque en el último de los casos lo hacen para consumo propio. Y esos mismos colonos remarcan que todavía el tabaco les es más rentable que la soja.

San Antonio está casi en la punta de la provincia y es uno de los claros ejemplos de que todavía falta para asegurar igualdad de condiciones para todos los misioneros. Están alejados y las largas distancias para todo son uno de los condicionamientos para que la gente tenga acceso a lo básico.

En Colonia Aurora, mucho más hacia el centro de la provincia,  unos 200 kilómetros al este de Posadas, recostada sobre el río Uruguay, la situación de los misioneros en las colonias es casi igual o peor. En Alicia Baja, en algunos sectores, pareciera que hay más galpones para secar tabaco que casas. En los primeros kilómetros desde la ruta costera 2 hacia la costa del río, la población es un poco más densa. Luego, las distancias entre una y otra casa pueden ser de hasta tres, cuatro o más kilómetros.

Y en esas largas distancias los unen las mismas condiciones de supervivencia, de pobreza y hasta debiera decirse de extrema pobreza, como en uno de los casos en el lejano paraje de Piñalito Norte. En ese contexto de alejamiento, de desesperanza, en los paisajes increíbles del monte misionero se dejan ver por doquier los bidones vacíos, o peor, con algo aún de agroquímicos, tirados a metros de las plantaciones de maíz o tabaco. Los hay por todos los terrenos de los colonos. Y de la misma manera, las mochilas para la fumigación. Están por todos lados. Como quien descarta envases de gaseosas en la ciudad.
El tabaco y los agrotóxicos siempre fueron inseparables y los colonos son la parte activa y la menos agraciada de una cadena que sabe de ventajas y ganancias supremas.
Están alejados, empobrecidos y rodeados de veneno. Y los galpones, en su mayoría destruidos o a punto de caerse, con tabaco colgando. En muchas de esas casas hay chicos con discapacidades o deformidades llamativas.
En San Antonio se armó revuelo entre las autoridades cuando desde la Asociación Miastenia Gravis de Apóstoles se denunció que sólo en una colonia de ese municipio hay más de 300 chicos con discapacidades graves y que la mayoría estaría relacionada con el uso o mal uso de los agrotóxicos. El viernes, según se anunció, el Ministerio de Salud Pública y el Consejo de Discapacidad empezarían a concretar un nuevo censo en la población, específicamente en Piñalito Norte y sus distintos parajes y picadas.
El intendente de San Antonio, Leopoldo Benítez, médico desde toda su vida en su municipio, y el propio ministro de Salud de la provincia, Oscar Herrera, dijeron desconocer esa cantidad de personas con males relacionados al veneno que se usa en las colonias. No lo negaron pero tampoco lo admitieron. Incluso la promotora de salud de Piñalito Norte se mostró sorprendida por tamaña denuncia en su propio pueblo. Según la cartografía que tienen de la zona, en ese pedazo de tierra de Misiones sólo hay una persona con discapacidad severa.
“A los 300 chicos no lo tenemos”, dijo el ministro, y explicó que posiblemente se trate de personas que buscan pensiones nacionales y que no en todos los casos sean discapacitados severos. El intendente aseguró además que “no está demostrado científicamente que las discapacidades sean provocadas por envenenamiento con agroquímicos”.
Incluso, el jefe comunal indicó que la mayoría de los casos de niños discapacitados tiene que ver con patologías perinatales, porque tienen poco ácido fólico las mujeres durante el embarazo y son anémicas.
No muy lejos de la zona donde todo pareciera poder suceder entre los colonos, la doctora Mercedes Palazzo Fabro, del equipo de Salud de la Dirección de Acción Social de Municipalidad de San Pedro, asegura que “las personas tienen que aprender a nombrar a estas sustancias, son agrotóxicos, no agroquímicos”.
“Si algo mata ya sea a un animal o a un vegetal, obviamente algún efecto provocará en nuestro organismo, en nuestro cuerpo”, enfatizó.
Para la doctora Fabro, “la contaminación aguda es la más frecuente en la zona, y se da a través de la aspiración de algún agrotóxico y en repetidos casos hasta por la ingesta de esta sustancia”.
Dejando notar claramente que conoce la situación social y cultural de los colonos, asegura que ve “a menudo a los productores que no utilizan la protección necesaria para manipular los agrotóxicos, como ser máscaras, guantes, botas, anteojos o antiparras, trajes adecuados que deben sacarse antes de entrar a la vivienda”.

Lo que se ve y lo que puede ser

En el corazón de Piñalito Norte, un niño de 3 años todavía no puede pararse por sí sólo y está aprendiendo a caminar. Tiene problemas en la piel y sus ojitos apenas los puede abrir. Su cara está como sufrida, tiene que levantar el mentón para poder mirar bien. La mamá dijo que los doctores le refirieron una deformación genética. En Alicia Baja, un chico de la misma edad sufre demasiado desde que nació. Ictiosis es la denominación científica de la enfermedad. En el pueblo lo llaman el chico con piel de pescado o de lagarto. Su piel no tiene poros, no transpira. Tiene una temperatura corporal altísima. Su rostro lo dice todo. Se le cae la piel y lo tienen que mojar constantemente. El papá admite que no le queda otra que trabajar con el tabaco.
A pocos kilómetros de distancia, otro chico, un poco más grande, sufre de parálisis en el brazo y en la pierna izquierda. Su mamá, además, dijo que “tiene el cerebro quemado del mismo lado”. En el pueblo aseguran que nació sin parte del cerebro.
En otra picada de Alicia Baja dijeron que recientemente nació una criatura que no podía mantener la cabeza erguida, que la tenía que sostener con una mano. “Su mamá conoció un chofer o algo así y se fue a vivir a Posadas", contaron.
El doctor José Manuel Reñe, médico auditor de la Asociación de Plantadores de Tabaco de Misiones (APTM), explicó que además de los agroquímicos, deben tenerse en cuenta problemas sociales como la consanguinidad de parejas y alcoholismo en embarazadas en algunas regiones de la provincia.
Reconoció no obstante que puede haber alguna vinculación entre enfermedades y agroquímicos, por observaciones de médicos de centros especializados en cáncer que destacan la cantidad de casos reportados desde Misiones. El profesional remarcó que pese a los muchos comentarios que se realizan sobre el tema, no hay estudios ni registros históricos serios sobre la incidencia de agroquímicos en la salud de los agricultores.
Pero el reconocido dirigente agrario Eugenio Kasalaba graficó de manera contundente los riesgos que implica la mala utilización de los cuestionados herbicidas.  “Yo habló con conocimiento de causa porque casi morí por culpa de los agrotóxicos que se usan en la plantación de tabaco. Estaba pulverizando con el veneno y de golpe me empecé a sentir mal y cada vez peor. Mi hijo, que entonces tenía seis años, andaba por ahí y gracias a él creo que salvé mi vida”, recordó el referente del Movimiento Agrario Misionero.
Y no dudó en asegurar que el químico furadán está prohibido en otras partes del mundo y en Misiones se sigue usando.

Lo real, los enfermos

Las enfermedades que derivan del uso de agrotóxicos se convirtieron en una realidad imposible de ocultar. Desde la década del '80 comenzó a hacerse oír la denuncia por parte de los profesionales de la salud. Sin embargo, la lucha por prohibir la utilización de agroquímicos pierde fuerza ante las tabacaleras y las multinacionales que, como en el caso de Monsanto, mueve 70 millones de dólares anuales.
En 1987, el médico Hugo Gómez Demaio inició investigaciones ante un panorama altamente alarmante: los nacimientos de niños con mielomeningoceles -una falla en el cierre del tubo neural-, lo que aparece como la exposición de la médula. La médula espinal no se desarrolla normalmente, teniendo como consecuencia daños en diferentes grados, invalidez e insuficiencia urinaria, entre otras dolencias.
En aquella época, cuando el parámetro internacional señalaba que 0,5 por cada mil nacidos vivos padecía alguna malformación, en Misiones era de 14 por mil nacidos vivos. Si bien esas cifras fueron superadas gracias a una campaña a favor del ácido fólico, el veneno sigue latente. No solo entre aquellos que manipulan los agrotóxicos, sino también en quienes habitan en zonas urbanas.
Tras casi 25 años de investigaciones, Gómez Demaio enciende la balanza, y destaca lo positivo y lo negativo. “Actualmente se está poniendo ácido fólico en las harinas y ha bajado significativamente la incidencia de las malformaciones congénitas. En Argentina no hay un solo cultivo que esté libre de agroquímicos. No hay, no existe. Lógico sería tener 20 años sin uso de agroquímicos para que nuestros hijos y nietos vivan una vida sana”.
Como este médico que representa a Misiones en la Red Salud Médicos de Pueblos Fumigados, cuyo primer encuentro fue en 2010, otros especialistas y afectados de San Pedro, Montecarlo y Oberá hablan de la vida en sus pueblos, la necesidad de la gente y la ausencia del Estado.

Por Mauro Parrotta
Fuente: territoriodigital.com