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lunes, 3 de diciembre de 2012

EL PERONISMO MITO Y EL PERONISMO REAL


(Kaos en la Red)
Argentina, Formosa: Un hecho genocida en 1947
por Pablo Gramajo - Periódico el Coyuyo 
Se han cumplido 65 años de la masacre de los Pilagá. El resarcimiento es necesario, pero también es necesario que los culpables paguen por lo que hicieron, y decir que en el gobierno de Perón había reducciones de indígenas, es decir mano de obra esclava, es decir esclavos. 
Cuando la historia quiere ser contada
El día está nublado, el frío se va untando en los cuerpos, los vientos de agosto llegaron en septiembre y parece que se quedarán hasta octubre. Ventarrón le dicen por estos lados.
Valeria Mapelman, fue quien realizó Octubre Pilagá, un documental que visibiliza el genocidio ocurrido en la primera presidencia de Perón, más precisamente un 10 de octubre de 1947.
¿Podrías contarme un poquito como llegas a la información de lo ocurrido y como desde ahí vas desarrollando el documental Octubre Pilagá?
Foto: Cacique Largo de los pilagás.

La masacre de Rincón Bomba

Por Arturo M. Lozza

El genocidio de Rincón Bomba, Formosa, es uno de los crímenes más tapados de nuestra historia. Ocurrió en octubre de 1947, sesenta años atrás, pero recién comenzó a ser investigado hace tres años años por dos abogados, Julio César García y Carlos Alberto Díaz, quienes a instancias de las comunidades pilagás presentaron el 1 de abril de 2005 una denuncia contra el Estado Nacional en el Juzgado Federal de Formosa por crímenes terribles contra el pueblo indígena. Jorge Pedrozo y Fredy Trinidad, secretario y subsecretario, respectivamente, de la Asociación Judicial de Formosa, filial de la FJA, confirmaron la existencia de la causa y sostuvieron que la masacre contra el pueblo pilagá, que involucra además a los pueblos wichí, toba y mocoví, es uno más de la serie que se ha desatado contra los pueblos originarios, pero quizás haya sido el que arrojó mayor cantidad de muertes. El pueblo de Formosa -añadieron- exige que se haga justicia. Antropólogos forenses, por orden judicial, comenzaron a realizar exhumaciones en Rincón Bomba, tierras de la gendarmería cercanas a la localidad de Las Lomitas, en donde hace sesenta años habrían sido enterrados cientos de cuerpos. De todos modos, los presupuestos para las excavaciones fueron escasos, y esto ha hecho que se retrase el total esclarecimiento de la masacre y que continúe tan tapada como los cuerpos enterrados en Rincón Bomba. Veamos cómo sucedieron los acontecimientos.

Así fueron los hechos

En marzo de 1947, miles de hombres, mujeres y niños comenzaron la marcha desde Las Lomitas, en Formosa, hasta Tartagal, en Salta. Eran braceros pilagás, tobas, mocovíes y wichís. Les habían prometido trabajo en el Ingenio San Martín de El Tabacal, propiedad del magnate Robustiano Patrón Costas. Les iban a pagar 6 pesos por día. Eso justificaba esa caminada de días y noches, más de cien kilómetros con hambre, cargando penurias y humillaciones. En abril llegaron a El Tabacal, se instalaron en las inmediaciones y empezaron a trabajar en la caña de azúcar. A trabajar todos, mujeres y chicos también. Pero cuando fueron a cobrar llegó la estafa: les quisieron pagar sólo 2,50 pesos por día. Los caciques protestaron. Pidieron un encuentro con don Robustiano o cualquiera otra autoridad del ingenio. Nadie los escuchó. Pocos días después, Patrón Costas dio la orden de echarlos sin ninguna consideración. Miles de indígenas -se estima que eran 8.000- con escasísimos alimentos que les dieron pobladores de El Tabacal, emprendieron la retirada a Las Lomitas. Otros más de cien kilómetros a pie con niños, ancianos y el hambre que se fue acumulando en cuerpos huesudos y panzas desnutridas. Se instalaron en un descampado llamado Rincón Bomba, cercano al pueblo. Encontraron allí no sólo un madrejón que les proporcionaba agua, un recurso fundamental teniendo en cuenta el lugar hostil y las elevadas temperaturas, sino también compañía: ahí asentaban grupos de su misma etnia. Estaban agotados y enfermos. Recuerdan algunas pocas crónicas de la época y lo confirman las presentaciones de los abogados García y Díaz, las madres indígenas recorrían las calles de Las Lomitas y de los parajes vecinos para pedir un poco de pan. La estafa que había protagonizado Patrón Costas contra los braceros se fue corriendo de boca en boca. Por aquel entonces Formosa no era provincia, los gobernantes eran designados por el poder central, es decir, por el presidente Juán D. Perón. Los pilagás decidieron formar una delegación para ir a pedir ayuda. Al frente se pusieron tres caciques, Nola Lagadick, Paulo Navarro (Pablito) y Luciano Córdoba. Hablaron con la Comisión de Fomento. Y también con el jefe del Escuadrón 18 de Gendarmería Nacional, comandante Emilio Fernández Castellano. El Presidente de la Comisión de Fomento se comunicó con el gobernador de Formosa, Rolando de Hertelendy, y éste con el gobierno nacional. Al enterarse, el presidente Juan Domingo Perón mandó inmediatamente tres vagones de alimentos, ropas y medicinas. Los tres vagones llegaron a la ciudad de Formosa a mediados de septiembre. Pero el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen, Miguel Ortiz, dejó los vagones abandonados en la estación tras ser despojados de más de la mitad de sus cargas. Salieron diez días después y llegaron a Las Lomitas a principios de octubre. Los alimentos estaban en estado de putrefacción. Pero aún así los repartieron en el campamento indígena. Las consecuencias fueron de espanto: al día siguiente amanecieron con fuertes dolores intestinales, vómitos, diarreas, desmayos, temblores, por lo menos cincuenta indígenas murieron, en su mayoría niños y ancianos. Al principio fueron enterrados en el cementerio de Las Lomitas, luego les cerraron las puertas y los cadáveres tuvieron que ser llevados al monte. Cuentan que noche tras noche retumbaban los instrumentos en las ceremonias mortuorias. La indignación fue lógica. Las crónicas locales propalaron la versión de que la bronca se convertiría en estallido contra los habitantes y se infundió miedo. Los indios denunciaron que habían sido envenenados. El presidente de la Comisión de Fomento de Las Lomitas, a su vez, fue a hablar varias veces con el comandante de los gendarmes. Le decía que el pueblo tenía miedo que los hambrientos los atacaran... Obvio, después de las muertes por alimentación podrida, este rumor creció. La Gendarmería rodeó el campamento indígena con cien gendarmes armados y prohibió a los pilagás entrar al pueblo. Frente a tanta agresión y desprecio, el cacique Pablito pidió hablar con el comandante. El oficial aceptó encontrarse en el atardecer, pero a campo abierto. Allí estuvieron. Era el 10 de octubre. El cacique avanzó seguido por más de mil mujeres, niños, hombres y ancianos pilagás con retratos de Perón y Evita. Enfrente, desde el monte vecino, cien gendarmes los apuntaban con sus armas. Los indios habían caído en la trampa. El segundo comandante del Escuadrón, Aliaga Pueyrredón, dio la orden y las ametralladoras hicieron lo suyo. Cientos de pilagás cayeron bajo las ráfagas. Otros lograron escapar por los yuyales pero la Gendarmería se lanzó a perseguirlos: “que no queden testigos”, era la consigna de los matadores. La persecución duró días hasta que fueron rodeados y fusilados en Campo del Cielo, en Pozo del Tigre y en otros lugares. Luego -señala la presentación de los abogados-, los gendarmes apilaron y quemaron los cadáveres. Según la presentación ante la Justicia, fueron asesinados de 400 a 500 pilagás. A esto hay que sumarle los heridos, los más de 200 desaparecidos, los niños no encontrados y los intoxicados por aquellos alimentos en mal estado. En total, se calcula que murieron más de 750 pilagás, wichís, tobas y mocovíes. Los diarios de aquel tiempo dieron informaciones muy confusas sobre lo que había sucedido, pero ninguno señaló al gran responsable, al hombre fuerte de la oligarquía, dueño del ingenio San Martín, don Robustiano Patrón Costas. Es más, algunos medios informaban de una sublevación. El diario “Norte” del 11 de octubre escribió -una rutina tan presente en todas las dictaduras genocidas- que hubo enfrentamientos armados. “Extraoficialmente informamos a nuestros lectores -señalaba- que en la zona de las Lomitas se habría producido un levantamiento de indios. Los indios revoltosos pertenecen a los llamados pilagás quienes, según las confusas noticias que tenemos, vienen bien provistos de armas (...) Ya se habrían producido algunos encuentros, no se sabe si con los pobladores de la zona o con tropas de la Gendarmería Nacional”. A nivel del gobierno se trató de ocultar todo. Hoy quedan aún pilagás que vivieron la masacre de Rincón Bomba y están dispuestos a dar su testimonio. Uno de ellos es el actual cacique Alberto Navarrete, un anciano que habla un castellano articulado como si fuera el idioma pilagá, y que le dijo a la enviada de la revista “Momarandu” que recordaba que era pequeño cuando ocurrieron los hechos. El era uno más de los que regresaban de Salta despedidos del ingenio San Martín. “Yo me estoy acordando del ’47. Gente amontonada en madrejón. Gendarmería disparó. Nosotros pudimos correr al monte. Yo visto eso. Yo declaré eso. Era 6 de la tarde. No teníamos armas nosotros. Correr nomás. Ellos tenían ametralladoras... No sabemos que pasó con todos, con las tolderías. Antes ya habían muerto envenenados. Yo visto eso. Muchos visto tirados, no sé si los enterraron. Nosotros queremos saber”. Las excavaciones fueron autorizadas en diciembre de 2005 por el juez federal formoseño Marcos Bruno Quinteros, en el predio cercano a Las Lomitas que desde 1987 pertenece a Gendarmería. Otro sobreviviente de la masacre colaboró con la identificación de la zona, ahora convertida en un bosquecito. Sin embargo, las exhumaciones debieron suspenderse el 30 de diciembre del 2005, a pocos días de iniciarse, por la feria judicial. Los patrocinadores de la causa resolvieron pedir ayuda económica a Nación porque consideran que están ante una tarea de investigación que demandará meses de trabajo en el lugar. Estamos pues a sesenta años de la masacre, no vaya a ser que con la excusa de la falta de presupuesto en el Poder Judicial, todo siga tapado.

El pueblo pilagá

Los pilagás -principales víctimas de la matanza- son un pueblo de la familia Guaycurú que habita en el centro de la provincia de Formosa y en Chaco. Junto a los abipones, mocovíes y tobas, fueron llamados “frentones” por los españoles, y guaycurúes por los guaraníes por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza. Hablan su propio idioma junto con el castellano. Actualmente existen unos 10.000 pilagás repartidos en 19 comunidades en el centro de la provincia de Formosa. Antiguamente fueron cazadores y recolectores. Entre los frutos que recolectaban estaban los del algarrobo, chañar, mistol, tuna y del molle.

Robustiano Patrón Costas

 Se trata del más conspicuo político de la oligarquía en la década del 40 del siglo XX. Había nacido en 1875 y el gobernador de Salta lo nombró Ministro de Economía provincial en 1908, oportunidad en que con su hermano Juan se apropiaron de tierras del departamento de Orán que pertenecían a las comunidades indígenas. Con la llegada del ferrocarril, una década después, establece asentamientos indígenas para asegurar mano de obra barata, casi siempre a cambio de vales, y funda el Ingenio San Martín de El Tabacal a partir de lo cual amasa una fortuna con la comercialización de azúcar. Se convierte en el más alto representante político de los terratenientes, es designado presidente del Partido Demócrata (conservador), asume como gobernador de Salta, funda la Universidad Católica de la provincia, luego es elegido senador y jura como presidente del Senado de la Nación. Acuerdan los conservadores con el radicalismo antipersonalista la fórmula presidencial de la denominada “Concordancia”. Esa fórmula será Patrón Costas-Iriondo, pero no llegará el momento de las urnas porque irrumpe el golpe de Estado de 1943. Don Robustiano muere en 1965 sin que sobre él cayera condena alguna por los crímenes de la Masacre de Rincón Bomba.

Hoy

Integrantes de las comunidades toba, wichí y mocoví fueron en agosto a la casa de gobierno en Resistencia a reclamar la renuncia del Ministro de Salud, Ricardo Mayol, por la muerte de once indígenas debido a falta de atención sanitaria. Estas muertes en serie fueron básicamente provocadas por la falta de defensas orgánicas debido a la desnutrición. Los delegados dejaron un escrito dirigido al gobernador en el que señalaban: “Nunca más un indígena con hambre, nunca más un indígena con desnutrición. No nos acostumbramos a la exclusión y al racismo”. Anunciaron asimismo que se preparaba un documento para entregar al Juez de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, de visita en Chaco. A su vez, la Pastoral Social denunció la situación que padecen hoy los pueblos originarios: “Sus territorios han sido invadidos y cercados impidiendo el paso de los indígenas para cazar, pescar, recoger miel, plantas alimenticias y medicinales. Los montes han sido arrasados con topadoras y los árboles derribados han sido quemados, exterminando de esta manera la muy importante fuente de proteínas que brindaban los animales silvestres. Las tierras fiscales (donde comúnmente vivían los indígenas) han sido saqueadas y rematadas por monedas a los amigos del gobierno de turno. La gente debe refugiarse en las banquinas de las rutas, a lo largo de las vías muertas del ferrocarril o en la periferia de las ciudades sin encontrar allí trabajo, una vivienda digna, acceso al agua potable y a sistemas mínimos de eliminación de basura y excretas”.

Artículo publicado en Ocho de Octubre Pregón Judicial 72, Año XV - Agosto / Septiembre de 2007.

Fuente:

http://www.cpdhcorrientes.com.ar/pilaga2.htmBueno, en Misiones conocí a un abogado que se llamaba Ricardo Altabe, el murió hace unos años, trabajaba con los Pilagá, y me contó que había existido una matanza en el `47, en Formosa y que había gente que estaba viva.
Cuando conocí, después, un par de años más tarde, a los abuelos (los mayores de la comunidad) ellos contaban que Altabe era un tipo muy comprometido y que se había acercado a ellos para trabajar el tema.
Y bueno, cuando llegué a Formosa, Altabe ya había fallecido, y tomó la causa Julio García, que trabajaba con Endepa, la pastoral aborigen. El que patrocina la causa es Carlos Díaz y su estudio jurídico. Luego Julio García renuncia a Endepa y hoy trabaja para el gobierno de Chaco.
En el 2006 viajo a Formosa para empezar a trabajar con los abuelos, y en esa primera semana de trabajo se relevaron muchos testimonios,  porque los abuelos decían que habían estado esperando 60 años para contar lo que había pasado y era la oportunidad que ellos estaban esperando. Entonces me venían a buscar, por ejemplo, vino un muchacho que me dijo: mi tío que vive acá cerca quiere hablar con vos; y así íbamos de un lado para el otro y la gente testimoniaba. Después de la primer entrevista me di cuenta que no servía usar traductores porque los interrumpía, y era muy molesto para ellos, y decidí no usar traductor.
Grababa sin entender lo que me decían en detalle. Me daba cuenta que estaban contando algo muy terrible porque a veces se quebraban, lloraban y después volvían a arrancar. Así fue como me volví a Buenos Aires con muchos testimonios sin saber bien de que se trataban.
Después de 20 días viajó a Buenos Aires Bartolo Fernández, que en ese momento era presidente de la Federación Pilagá  (la vice de la federación representa a las mujeres y hay un tercero que representa a los ancianos) y con él empezamos las primeras traducciones.
Por ese entonces, me di cuenta que había ocurrido un primer tiroteo el día 10, pero después había continuado la persecución por lo menos durante 8 días, con fusilamientos, violaciones y asesinatos, en un territorio de 100 km cuadrados,  con tres regimientos movilizados. Ellos me hablaban de los regimientos de Pozo del Tigre, de Las Lomitas, y de Comandante Fontana.
Los Pilagá estaban realizando libremente una reunión donde se había fusionado su religión con el evangelismo pentecostal y se intentó movilizarlos a las Reducciones Indígenas, llamadas Colonias en esa época, a lo que ellos se negaron. El que estaba encargado de movilizarlos a las reducciones, en primera instancia, fue Abel Cáceres administrador de Bartolomé de las Casas.
Y esta administración de Cáceres ¿Era una administración Institucional, con instancia gubernamental, o era una administración solamente para los ingenios?
Cáceres era un empleado de la Dirección de Protección al Aborigen, a su vez dependía de la Secretaría de Trabajo y Previsión y del Ministerio del Interior en última instancia. Trabajo y previsión tenía bajo su control a las colonias indígenas, por eso yo tengo la sensación de que eran concebidas como campos de trabajo, no campos de concentración como se entiende desde los nazis, sino como campo de concentración de mano de obra disponible, es decir personas que eran llevadas a trabajar a los ingenios y traídas de vuelta (eran instruidas en el trabajo dentro de sus recintos, se les enseñaba a usar la pala, se separaba a los niños de sus familias encerrándolos durante toda la semana en internados para niños indígenas que estaban dentro de las colonias). Todo eso funcionaba de esa manera en el año 1947, bajo la supervisión de los organismos estatales.
Cáceres cobraba su sueldo a través de la Contaduría General de la Nación, ahí están los documentos, y además tenía a varias personas trabajando con él; por ejemplo había gente con cargos militares dentro de las colonias, es decir gendarmes; y entre los empleados había también un hombre Qom llamado Basilio Vega que trabajaba para Cáceres;  hacía de traductor, de guía, y además ejercía tareas de vigilancia dentro de las colonias.
¿Dices que no ha sido un campo de exterminio y si de concentración, con qué fin?
Es que la gente digamos estaba concentrada para llevarla a trabajar, la idea no era que se murieran. Aunque ciertamente pasaban hambre porque no se alimentaban bien en ese lugar, entonces creo que por desnutrición pudieron haber muerto muchas personas. También morían en los traslados desde las colonias a los ingenios.
Había una continuidad  del proyecto de Victoria (1884 conquista del desierto verde) cuando ingresa al Gran Chaco como ministro de Guerra y Marina de Roca, y piensa él mismo, acá hay brazos baratos y fuertes para la industria, vamos a aprovechar a estos tipos para trabajar en los ingenios azucareros de Salta y Jujuy y en los obrajes y algodonales del Gran Chaco.
 Si hablamos de campos de concentración, que no han sido de exterminio. ¿Cómo eran estas reducciones?
A ver, por ejemplo, según lo que me han contado ellos, no eran campos con alambres de púa, pero si había vigilancia policial. En las colonias también existían ciertas leyes que los reprimían todo el tiempo, y fuera de estas colonias se imponía la ley de vagancia, reprimiendo a los que salían a cazar por el monte o que hacían su vida normal.
Lo que sucede en el año 1947 no es un hecho aislado, hay toda una continuidad, por más que se declara el fin de la conquista militar del Chaco en el 1917. Un ejemplo son las represiones a las "tolderías" Pilagá acusándolos de haber atacado el Fortín Yunka en 1919 durante el gobierno de Irigoyen. Después el combate de la Mora Marcada, a cargo de un tal Néstor Golpe, gendarme de línea, que resulta en un número indeterminado de gente asesinada; en el 1924 la represión en la Reducción de Napalpí en el Chaco, en el 1933 la represión de Zapallar, etc. Siempre hubo continuidad en las represiones, tanto en los levantamientos que se producían dentro de las reducciones como fuera de ellas. Los criollos cuentan que cada dos por tres ellos veían gente ahorcada de los quebrachos porque los acusaban de robar una vaca. Entonces, sí, podías salir de Bartolomé de las Casas o de Muñiz, pero no era simple estar afuera, no era fácil.
Y en relación al 10 de octubre de 1947, cuando se producen los primeros disparos por parte de los gendarmes ¿cuál es el argumento de gendarmería en relación a estos hechos?

Gendarmería dice que ocurre un malón en Las Lomitas, que 1500 guerreros Pilagá se abalanzan con flechas incendiarias contra el regimiento de gendarmería (es alucinante el número, no tiene ningún sentido), es una historia muy poco creíble. Los diarios de la época reproducen toda esa información y hasta se refieren al asesinato de una mujer, que aclaran, es una mujer cristiana.
Ese es el argumento de la gendarmería, y los argumentos de la prensa de la época, que por los menos en los primeros tres y cuatros días, para justificar la represión, hablan de un malón en las ediciones del 11, 12, y 13 de Octubre. Hasta que se empiezan a desdecir y afirman que el hecho no fue tan grave, que en realidad no hubo muertos, que la represión no ocurrió y bueno se empieza a silenciar todo hasta que el tema desaparece.
La realidad es que los Pilagá estaban reunidos en La Bomba porque había un sanador, un hombre que curaba, y su fama se había hecho muy grande, se había corrido la voz en las comunidades (si uno habla con la gente de la Colonia La Primavera, que actualmente se llama Potae Napocna, la misma que acampó cinco meses en la Av. 9 de julio y Av. de Mayo aquí en Buenos Aires, recuerdan bien a Luciano, el sanador, porque había gente Qom, que estuvo en La Bomba en 1947 y después vivió en La Primavera) .
La reunión que convocó Luciano, cuyo nombre en Pilagá era Tonkiet, fue multitudinaria. Y una semana antes del tiroteo, empiezan las amenazas para que abandonen el lugar: “este lugar no es seguro, hagan caso porque corren  riesgo y ustedes no van a tener como defenderse si las cosas se complican”, etc. Pero los ancianos se niegan a irse, porque para ellos ese era un lugar sagrado y que les pertenecía. La chacra del cacique Pablito estaba en ese lugar mucho antes que se convocara toda esta gente, porque había agua y estaban cerca del tren que venía de los ingenios. Este era un lugar de parada de los Pilagá y de ahí se distribuían a sus comunidades de origen. Los Pilagá se acercaban muchas veces a Las Lomitas convocados por los conchabadores de los ingenios, y ante las amenazas no se quisieron ir.
El 10 de octubre Gendarmería pone por lo menos dos ametralladoras pesadas frente a la gente, y varios fusiles. Los ancianos también recuerdan  unos cañones que tenían las ruedas como carros. Desde un sector elevado dispararon cerca de las 18hs; los Pilagá estaban en un lugar más bajo. Después de cada ráfaga caían muertos, mientras los otros escapaban.
¿Eso es en Las Lomitas, el 10 de octubre a las 18h de 1947?
Otros habían escapado antes, por la mañana. Ya algunos chicos que vivían cerca y trabajan dentro del regimiento limpiando la cocina y haciendo leña (estos tenían una relativa relación con los gendarmes), son avisados por un gendarme que los iban a matar y pueden a su vez alertar a algunas familias para que escapen. Pero de los que quedaron, muchos murieron.
Se habían movilizado muchas tropas con camiones, perros, y durante la madrugada continuaron disparando contra el monte, disparan y disparan, y ellos siguen escuchando los tiros mientras escapan. En la mañana siguiente los gendarmes empiezan a patrullar los caminos y los ríos, ya que la gente necesitaba tomar agua. Se van produciendo más capturas, fusilamientos, violaciones.
¿Qué le ocurre a esta persona que curaba, es decir a Luciano?
Luciano, se mete en un pozo, cuando pasan los tiros se escapa con un grupo de gente. No conocí sobrevivientes que escaparon con él, si conocí a su mujer, pero ella escapó para otro lado.
Luciano sobrevive a la masacre y el culto que él hacia se sigue reproduciendo tiempo después. Curaba sobre un círculo elevado, donde se paraba y daba su sermón. Era una mezcla de la antigua religión con el evangelismo que había llegado hacía poco a la zona, los evangélicos no lo querían porque era visto como un “brujo”(piogonak) y para los antiguos  no era un piogonak verdadero, era un piogonak “contaminado”. Lo que dicen muchos, es que quedó traumatizado por lo que pasó.
El otro protagonista de la historia es, Oñedié, Pablito Navarro, que adquiere su protagonismo desde el momento que los gendarmes empiezan a decirles que se vayan y él se hace vocero de las decisiones que tomaba el grupo, porque hablaba el castellano. Pablito también logra escapar con unas 100 personas hacia el norte y trata de cruzar las fronteras con el Paraguay, pero lo capturan.
¿Qué día seria la captura de Pablito?

Más o menos lo capturan entre el 16 y 17 de octubre. Mientras en Buenos Aires se celebraba un año más de gobierno Peronista.
En relación de lo que decían los medios oficiales. ¿Había otra información paralela?

El diario el Intransigente de Salta de propiedad de Michel Torino, vocero del radicalismo salteño, manda un corresponsal a Las Lomitas. Éste constata que en el lugar, hubo una masacre, y que está todo quemado. El corresponsal ve huesos, un cráneo, la espina dorsal de una persona, y los restos humanos comidos por los perros, y publica esta información que coincide con el testimonio del sobreviviente Haik, (su nombre en castellano era Santiago Cabrera) que cuenta, que llegando del ingenio Ledesma, encuentra todo quemado, incluidos restos humanos y de “tolderías”.
¿Cómo ha sido el desarrollo de las persecuciones?
El 16 sale un avión del aeródromo militar de El Palomar en misión de reconocimiento, que aterriza en Paraná para cargar combustible y después en Resistencia donde primero sacan la puerta y le colocan una ametralladora. Es el regimiento 3 de ataque que vuela a Formosa Capital y después sobre vuelan toda la zona. Supuestamente su misión era ver la zona desde el aire, para ubicar a las personas que escapaban. Y uno se pregunta ¿para qué pusieron una ametralladora si solo tenían que mirar? La cuestión es que ese avión aterriza en el Fortín Salazar, donde se encontraba Pablito capturado. Esto se ve en la película. Hace poco uno de los pilotos fueron llamados a declarar.
¿Qué ocurrió con Pablito luego de la captura?

Lo encuentran en paraje llamado El Cuervo, cerca del Paraguay  y lo llevan prisionero a Colonia Muñiz con la gente con la que escapaba. Una persona que entrevistamos, un criollo de Estanislao del Campo, lo vio años más tarde, en el 50, cuando lo trasladaban en un camión jaula, desde Muñiz hacia otro lugar. No sabría decir cómo murió Pablito. Sé que estuvo como tres años cautivo.
En una entrevista que te han hecho en Pagina 12, dicen que Perón mandó un tren con alimentos. Y en relación a esto ¿Perón tiene algo que ver en esta masacre?
Como comandante en jefe de las fuerzas armadas, Perón estaba sobre Sosa Molina que era el Ministro de Guerra y Marina. Este último es el que ordena la movilización de tropas. Hay una responsabilidad desde ese punto de vista y por no haber investigado los hechos. Pero es imposible saber, si él dio la orden. Tuvo la responsabilidad que tiene todo jefe de las fuerzas armadas.
En relación con el tren con alimentos no encontré documentación que probara el envío. Esos alimentos dicen los abuelos que fueron llevados por los camiones de los almacenes de la zona: Tienda Curesti y tienda Buenos Aires, que ellos conocían bien. Luego de ingerir los alimentos empiezan a sentirse mal y hay gente que muere. Ellos atribuyen esas muertes a un envenenamiento. En la causa judicial, se habla de un tren con alimentos que Perón habría mandado a los Pilagá, antes de la masacre, porque tenían hambre.
Yo no pude corroborar en ningún documento ese envío, tengo la sensación, que hay un encubrimiento que complica la comprensión de todo este asunto.
En relación a estos encubrimientos, ¿Qué paso con los cuerpos acribillados?

Muchos fueron quemados, después se pasaron topadoras, y además los cadáveres fueron trasladados en camiones para llevarlos lejos. El forense, después de preguntar a mucha gente (cuando se abre la causa), ubica tres fosas comunes, de las cuales se abrió en el paraje Alegría, a 5 o 6 km de Pozo del Tigre y a 30 km de Las Lomitas, adentro del monte, en un lugar que era el lecho de un río de verano, por donde el agua corre de golpe y se lleva todo. En la fosa del paraje Alegría, se encontraron 24 cadáveres en el año 2006. Los cráneos y los huesos grandes se ven semienterrados, el lugar todo está sembrado de dientes y de pequeños restos. La gente de Pozo del Tigre fue testigo de cómo los camiones pasaban  mientras les decían que entren a sus casas porque se acercaba otro malón, y de esa forma se creó una zona liberada.  
¿Y cómo está la causa, hoy?
Lo poco que se es que el juez Quinteros se fue de la causa, que algunos ancianos declararon, pero otros esperan ser llamados a declarar.   Las víctimas de esta masacre viven en la indigencia, porque fueron expropiados de sus territorios, fueron explotados como fuerza de trabajo, perdieron todo, se les prohibió usar sus nombres, viven en lugares sin agua y donde el hambre y el Chagas es endémico. El pueblo Pilagá merece un resarcimiento económico y un pedido de disculpa por parte del Estado Nacional.
¿Cómo llegan a saber la cantidad de muertos?
Antes del fusilamiento el número no está muy claro, según fuentes de gendarmería, había aproximadamente 2000 personas, si uno habla con los sobrevivientes que quedaron, más o menos se puede llegar a 500 personas que escaparon, si quedaron 1500 atrás, varios cientos pueden haber muerto. Por ejemplo hay un dato que hay que tener en cuenta, y es que una ametralladora dispara 500 balas por minuto y había dos ametralladoras, y a su vez de los grupos que escaparon algunos desaparecieron por completo.
Aparte de los fusilamientos que se repitieron, muchos morían de hambre o de sed, o por las heridas que se infectaban. Cuando había una persona herida no lo podían seguir cargando y la tenían que dejar, y otros testimonios confirman que a medida que avanzaban veían muchos bebes y niños muertos.
No es fácil saber cuánta gente murió, pero fue mucha gente, hacía 40 grados de calor, y solo tomaban el agua que se acumulaba en las plantas.
La democracia en los tiempos presentes
La Argentina, se gestó con la sangre de los pueblos originarios, eso es claro.
¿Se puede decir que el genocidio ha terminado? O ¿hay nuevos hechos genocidas? Una cosa se sabe: que la tierra de los campesinos e indígenas sigue siendo arrasada, los mismos siguen siendo desalojados y asesinados, y que en la enunciación: “estamos mejor”, en ese mejor muchos siguen excluidos.
Se han cumplido 65 años de la masacre de los Pilagá. El resarcimiento es necesario, pero también es necesario que los culpables paguen por lo que hicieron, por eso es imprescindible hacer un juicio histórico, y decir que en el gobierno de Perón había reducciones de indígenas, es decir mano de obra esclava, es decir esclavos.