
Por ANRed - S (redaccion@anred.org)
La policía de San Pablo decretó, el jueves último, que una nueva conducta se transformara en delito: la portación de vinagre. En los momentos previos al inicio de la cuarta manifestación en repudio al aumento de la tarifa del transporte público, los policías paulistas frenaban a quienes transitaban por las inmediaciones del Teatro Municipal, donde se realizaría la concentración, les requisaban las mochilas y demoraban o detenían a quienes tenían botellas de vinagre –líquido que amortigua los efectos del gas lacrimógeno–, o cualquier otro elemento que indicara que se dirigían hacia la marcha.
Pese a eso, alrededor de 20 mil personas lograron manifestarse en San Pablo contra el incremento, de 3 reales a 3,20, en la tarifa de ómnibus, trenes y subtes. Fue la cuarta marcha en una semana convocada por el Movimento Passe Livre (MPL), de la que participaron, además, estudiantes, partidos de izquierda –como el PSOL y el PSTU–, trabajadores del subte e incluso algunas hinchadas de fútbol, pero también gente que adhiere a la causa sin estar nucleada en ningún espacio colectivo.

El transporte: uno de los principales gastos
En 2010, según estimaciones del Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE), alrededor de 37 millones de brasileños –casi la población argentina– se encontraban excluidos del sistema público de transporte, por no poder pagar la tarifa. La imposibilidad de viajar significa, para muchos, la imposibilidad de acceder a otro tipo de derechos –garantizados, esos sí de forma gratuita, por el Estado–, como la salud o la educación.

Sin embargo, cabe la pregunta, por qué son 20 mil los paulistas que hoy salen a protestar, cuando, ante anteriores aumentos, eran cinco mil. En diálogo con ANRed, Tiarajú Pablo D’Andrea, sociólogo brasileño y manifestante, incorpora algunos factores al análisis. “Los programas sociales de Lula y de Dilma –afirma desde San Pablo– hicieron que muchos brasileños salieran de la extrema pobreza, pero sin modificar la desigualdad histórica. Los más pobres incrementaron su capacidad de consumo y, como actores sociales, oscilan entre posiciones más conservadores (por tener más ingresos) y más rupturistas (por tener más nociones de derechos sociales). Las protestas callejeras empujaron a este actor un poco más hacia la ruptura”.
Tiarajú apunta, también, al funcionamiento deficiente de los servicios públicos en Brasil. “Tanto la salud y la educación como el transporte son de mala calidad. Eso fue generando un cansancio en la población, que vio en las marchas contra la suba una forma de mostrar su descontento”, señala. “Por otro lado, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, en Río de Janeiro, son la fiesta del dinero público redirigido hacia las empresas privadas. La gente empezó a darse cuenta de eso también, y se suma a la protesta como forma de repudiar la cantidad de fondos que se destinan a construir estadios de primer mundo, cuando en Brasil hay servicios públicos de cuarto mundo”.
Pero no es casual, de todas formas, que este descontento se condense en un reclamo relacionado con el transporte. El costo no es el único problema de los ómnibus, los trenes y los subtes en Brasil, explica Tiarajú. En todas las ciudades más importantes, “la gente viaja mal, en transportes precarios y repletos, y tarda muchas horas en trasladarse de la casa al trabajo y del trabajo a la casa”. Tampoco es casual que el epicentro de las protestas sea el que es. “El símbolo de este caos urbano es San Pablo”, dice Tiarajú. “Una ciudad que creció bajo los intereses privados de empresas constructoras, de urbanismo y de transporte”.
“Tarifa zero”

En un artículo titulado “Por qué estamos en las calles”, publicado la semana pasada en el diario Folha de São Paulo, Nina Cappello, Erica De Oliveira, Daniel Guimarães y Rafael Siqueira, integrantes del Movimento Passe Livre, afirman: “El modelo de transporte colectivo basado en concesiones para la explotación privada y el cobro de tarifa está agotado. Y continuará en crisis mientras el desplazamiento urbano siga la lógica mercantil, opuesta a la noción de derecho fundamental para todas y todos”. “Esa lógica, cuyo norte es el lucro –siguen–, conduce a las empresas, con la connivencia del poder público, a aumentar repetidamente las tarifas. El aumento hace que más usuarios del sistema dejen de usarlo, y, con menos pasajeros, las empresas aplican nuevos reajustes”.
Uno de los argumentos centrales de los integrantes del MPL es que la población viaja, la mayoría de las veces, para trabajar; es decir, para realizar una tarea que aporta a toda la sociedad. Sin embargo, se hace cargo del pago de la tarifa, sin la contribución de los sectores que realmente se benefician de esos traslados. “Por eso defendemos la tarifa cero, porque es una forma indirecta de pagar los costos del sistema, repartiendo la cuenta entre todos, ya que todos son beneficiados por él”.

Marchas en San Pablo y en Buenos Aires
Después de la liberación de los detenidos en las marchas anteriores, hoy, lunes, a las 17 horas de San Pablo, se realizará la quinta manifestación en contra del aumento de la tarifa, y en repudio, también, a la represión policial.
Ayer, una de las centrales de trabajadores de Brasil, la CSP-Conlutas, anunció que participará de la marcha. La central nuclea a trabajadores metalúrgicos, rurales y de comercio, entre otros rubros. El Movimento dos Trabalhadores Sem Teto y el Movimento Periferia Ativa también expresaron que se plegarán a la protesta, con manifestaciones y bloqueos en diferentes lugares de la periferia de San Pablo.
En Buenos Aires, mientras tanto, la comunidad brasileña en Argentina convoca a concentrar en el Obelisco, el martes a las 17, para marchar hacia la Embajada de Brasil, ubicada en Cerrito 1350. El propósito es expresar la solidaridad con el reclamo contra el aumento tarifario y repudiar el accionar represivo de la policía paulista.
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