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jueves, 15 de marzo de 2012

ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DE CARLOS MARX


El Capital es una de las obras más notables con que cuenta la historia científica de la humanidad, al nivel de la Metafísica de Aristóteles; los Principios de Filosofía Natural de I. Newton; La Ciencia de la Lógica de W.F. Hegel.


“…Marx fue, ante todo, un revolucionario… su nombre
vivirá a través de los siglos, y con él su obra”
                                  Federico Engels, Marzo 17 de 1883

El 14 de marzo se cumplieron 129 años del día en que cesó de pensar uno de los más grandes pensadores que ha tenido la humanidad toda: Karl Marx. Lo que la filosofía y la ciencia perdieron con esta figura gigantesca ha sido imposible de saber, y si bastó sólo un segundo que su cerebro se detuviera para siempre. Quizás no alcancen siglos para que aparezca otro similar.
Su talla intelectual, su obra, su penetración analítica, su compromiso incorruptible con la causa de los trabajadores y su inclaudicable combate contra el dominio de la burguesía capitalista, lo convirtieron en referencia inevitable en cada campo en el que la acción y la teoría lo requirieran. Para intentar captar su dimensión en la historia, no será ocioso señalar que tal como los pensadores griegos (Thales, Euclides, Arquímedes, Eudoxio) construyeron el ámbito del conocimiento matemático; y Copérnico, Kepler, Galileo Newton, lo hicieron con el de la naturaleza, dotando su conocimiento con leyes rigurosas, Marx sujetó las evoluciones y revoluciones de los pueblos y sociedades  al principio materialista de la historia como base ineludible explicativa, eliminado discursos y argumentos no racionales (Dios, el “gran líder”, las “grandes ideas”, etc.). No menos notable fue su contribución sobre el papel de la praxis como lo decisivo del conocer y hacer humanos, el de que la teoría (filosofía, ciencias) no es otra cosa que el momento intelectual de aquella y que su reconocimiento consciente, esto es, conciencia de la praxis en tanto motor de movimientos y transformaciones políticas, sociales, culturales, sepultó todo pensamiento idealista y el sometimiento a la práctica ciega o espontánea como “naturales”.
El linaje intelectual de Marx es claramente rastreable, está en sus obras. La lógica maciza y equilibrada con la que se encuentra quien aborda sus textos provienen fundamentalmente de, digamos, sus dos grandes maestros: Aristóteles y Hegel; pero no sólo de ellos. Devorador insaciable de los más insignes pensadores admiraba a W. Leibniz y E. Kant, siendo un profundo conocedor de la filosofía griega clásica y helenística. En materia científica abrevó en los descubrimientos y avances de las ciencias físico-químicas: J. Priestley, Lavoisier, y la labor de Newton, en tanto que, específicamente, en economía reconoció como su gran maestro a D. Ricardo, sin por ello desconocer a A. Smith. Su “Teorías del Plusvalor” muestra su erudición y la profundidad de su crítica desde W. Petty, pasando por F. Quesnay, a quien rescató del olvido en el que estaba, y decenas de escritores y economistas (Tooke, Malthus, J. Mil, J. Stuart Mill, etc.).
Su obra El Capital es una de las más notables con que cuenta la historia científica de la humanidad, al nivel de la Metafísica de Aristóteles; los Principios de Filosofía Natural de I. Newton; La Ciencia de la Lógica de W.F. Hegel. Para él el conocimiento científico era una fuerza poderosa que debía ejercer un impacto para la emancipación social de los trabajadores arrebatándosela al capital y la burguesía. Nunca se compadeció de la suerte de los trabajadores concibiéndolos como “víctimas” a las que había que “socorrer” por su mala fortuna: se apoyó en su fuerza como clase y enseñó que era poderosa como nervio central y vital para el cambio de la sociedad, su protagonista principal y fortaleza para la humanidad toda.     Hugo Azcurra.