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viernes, 24 de junio de 2011

Una política cultural

Por Félix Herrera
La cultura: base para toda proposición social y política
La cultura, la idiosincrasia, debería ser el eje en que debe basarse la política y todas las manifestaciones  humanas.
Considero que es un tema de suma importancia reiterarlo y que no debe dejarse de lado.
Por desgracia es el caso de prácticamente todos los partidos y organizaciones políticas, las que elaboran sus políticas en función de ideales, que si bien son sanos objetivos y honestos, en la mayoría de los casos, se sigue cometiendo un grave error político: el de no tomar en cuenta las realidades de la gente que se pretende representar, sus historias, tradiciones, necesidades, deseos y carencias.
Personalmente me he dedicado por muchos años en Argentina, a través de Casa de la Cultura Pablo Neruda y junto a un grupo de compañeros y compañeras, en tratar de hacer este trabajo cultural.
Mostrar lo que los demás hacen en todos los planos, pero tratando de analizar y presentar cada actividad social desde un punto de vista político-cultural, como forma de jerarquizar el aspecto que creemos es fundamental para lograr generar las bases de una política cultural, y por ende, de una política más rica, más auténtica, más acorde a la historia y el contexto de cada uno de nuestros pueblos.

Luchar contra la cultura dominante y por nuestra propia idiosincrasia.

Lo ideal sería, por supuesto, ayudar también a crear políticas culturales que apoyen nuestra lucha contra la cultura dominante,  uno de los principales instrumentos de los imperios para mantenerlos bajo su yugo, vaciando las mentes, las culturas, y por ende, valores propios.
Consideramos fundamental este punto, como forma de mantener vivo el espíritu autóctono y criollo de nuestros pueblos y resistir a la “aculturación” a la que estamos expuestos desde hace más de 500 años.
La protección de nuestras culturas, de nuestras tradiciones y costumbres, que en “lo latino” es un crisol donde se mezclan ingredientes de varias culturas, es algo en lo que todos debemos estar comprometidos, sobre todo en los tiempos enfermos de la cultura.
En esta sociedad mundial globalizada en la que los países ricos dirigen y el resto acata, el intercambio igualitario y el mutuo enriquecimiento es una utopía, y tan sólo caemos en un lapidario despojo de nuestras raíces y en la imposición de la cultura que el imperio desea para nosotros.
Triste es de constatar, por ejemplo, que hasta los indígenas hablan de “Latinoamérica”, mientras que ellos poco tienen de latinos, solamente,  la lengua que les fue impuesta y claro, algunos valores impuestos también, pero una gran mayoría de ellos conserva sus raíces mucho mejor que los “criollos” más permeables a las propagandas directas y sublimadas.
En definitiva, mestizos somos todos, a caso en Andinoamérica, ya sea por la sangre o por la cultura, incluso en los países donde hay pocos indígenas actualmente, la memoria colectiva hace que los valores de los pueblos originarios estén presentes (palabras, dichos, comidas, actitudes, valores, etc.), valores  que no son ni bien definidos, ni bien digeridos por la gran mayoría de la sociedad y los dirigentes políticos que pretenden la uniformidad de la sociedad.
Por esto muchos proyectos “políticos” han fracasado. Muchos movimientos y partidos sólo usan de la cultura algunas manifestaciones artísticas, solamente para acompañar actos políticos, pero sin preocuparse de cómo cultivar y valorizar  lo auténtico de cada sociedad. Invitan a un músico de nombre o grupo de teatro a un discurso o a un acto, pero por que vende su nombre y su  imagen, todo es “marketing”. Son pocos que realmente se interesan por esas manifestaciones culturales, y están dispuestos a apoyarlas, desarrollarlas y dejarlas crecer con libertad, con fuerza y valores propios.

Nunca podremos ganar la batalla contra la globalización económica (y cultural) que nos imponen los imperios, si no desarrollamos alternativas propias en defensa de nuestro patrimonio cultural.

No podemos negar que para muchos, la publicidad directa o “sublimada” que entra por la TV, Radio, Cine e Internet, es muy atractiva. Esta publicidad no sólo elogia los valores de productos materiales, sino también ideológicos y culturales. Estilo de vida, manera de valorizar las cosas, la gente, la vida.
Un mundo de fantasía que funciona sólo a medias en los países ricos, pero que quieren hacer creer que es una realidad total en estas sociedades, con tanta publicidad, las ideas entran en las mentes de nuestra gente, sobre todo, porque no hay contrapartida nacional o regional a esa avalancha publicidad. Lo que nos venden es la careta plástica, pero lo que no nos demuestran es la cada vez más evidente pérdida de los vínculos, la frialdad y el endurecimiento de individuos que se rigen por la sociedad de consumo, por la ley de la oferta y la demanda, donde las relaciones humanas dejan cada vez más que desear,  características ligadas a los países ricos (Países subdesarrollados humanamente).

Nuestra tarea como revolucionarios es luchar contra esos valores impuestos y para ello debemos:
Recuperar los valores y las formas comunistas de trabajo,  más cercanos a las masas, más unidad de acción, más trabajo colectivo, más fortaleza ideológica, más control celular, más vigilancia revolucionaria, y por supuesto, más educación política.
En este marco, la creación de un Movimiento Cultural Democrático, trata específicamente de que los artistas comunistas ocupen el espacio político de creación que les corresponde, es decir, comprometido a la suerte y a la lucha del pueblo. Que su creación, primero sea valorizada y conocida por el propio partido, porque aspiramos a tener un partido culto; segundo, que el artista y su creación no sea un acompañamiento “Gancho” sino que su participación corresponda a un diseño integral de la actividad donde la propia actividad, es “Gancho”, porque su definición temática captura el imaginario popular y porque su ejecución compromete a muchos, más allá del partido.
Esta forma de diseño cultural, pone en tensión nuestra capacidad de convencimiento para sumar a otros  y de superación de prejuicios en el trabajo de masas.
Los artistas profesionales, a su vez, deberán generar vínculos y actividades más permanentes con el partido, para que se produzca la necesaria retroalimentación y esta se convierta en permanente motivación de su creación.
           
OBJETIVOS GENERALES

1) Usar todos los medios y espacios posibles, bajo todas las formas posibles, que nos permitan dar a conocer lo que hace la gente del pueblo, las tradiciones, su forma de vivir y todos los valores propios .Sólo esto permitirá que estemos orgullosos de nosotros mismos y definimos como revolucionarios frente a la ciudad y crear políticas correctas para cada pueblo.

2) Medios de comunicación: trabajar a través de todos los medios de comunicación posibles en estas ideas. Utilizando los   existentes cuando es posible, dándonos los medios para crear los propios, de los más modestos hasta los más complejos o modernos, como internet. Conquistando espacios para transmitir las vivencias del pueblo y nuestras realidades.

3) Apoyar, motivar e incentivar las actividades artísticas y artesanales que vayan en el sentido de las representaciones populares de la vida, en todas sus formas.

4) Apoyar todas las expresiones artísticas de todo tipo, en particular, las que expresan las vivencias del pueblo.

5) Estimular el proceso de formación de autoconciencia de los sectores populares.

6) Promover la organización cultural partidaria, autónoma en el ámbito poblacional, sindical y en el pueblo.

7) Fortalecer la organización cultural en aquellos sectores en que ya exista.

8) Elaborar propuestas normativas y reivindicatorias frente al estado, en términos de la cultura libre de las masas populares.

9) Colaborar en la formación de monitores (responsables) culturales en los sectores señalados.

10) Usar expresiones de nuestro propio idioma en ves de pedir prestado las de otros, que muchas veces no conocemos, por muy cómodo que aparezca. El idioma es el vehículo de la cultura, si perdemos el vehículo estamos perdiendo nuestra cultura. No pretendemos ni deseamos que eliminemos toda  expresión no castellana de nuestro lenguaje, sino que, cuando adoptemos nuevas tecnologías no los dejemos invadir por estos nuevos lenguajes ya que al final irán contra nuestras propias raíces culturales, sociales y política.
                                          
Nuestra batalla es cultivar nuestras raíces culturales, sociales y políticas
Una cosa es que los idiomas puedan evolucionar, como es lógico y otra dejarse invadir gratuitamente.
La política “pura” no basta para luchar contra el imperio de la globalización ¡La cultura sí, porque lo abarca todo!
El rechazo a la deshumanización del modelo, al intento de reducir la cultura a la condición de mercancía subastable en el mercado al mejor postor que es sometida a las presiones y el amordazamiento de los poderes fácticos por distintas vías, se extiende a amplios sectores, a la coerción y el desamparo en que se encuentran, dejados a la suerte de fondos concursales y los auspiciantes del sector privado.
Se suma a esto la imposición de un modelo que, considera al arte y la cultura, como meros instrumentos de reproducción del sistema, consagrado a la desmovilización y a la pasividad social, minando su papel en el desarrollo de la identidad propia y la emancipación de los pueblos.
 La mercantilización y la ofensiva ideológica operan a través de los mecanismos de control social, la cooptación, la censura y la reducción presupuestaria, que son aplicadas desde la institucionalidad política del estado con el fin de separar a la cultura y el arte del papel históricamente jugaron como instrumentos de expresión de la diversidad existente en  la sociedad. El desarrollo de una cultura de la liberación y de la rebeldía, la solidaridad, la organización y la lucha, que contrarreste la ofensiva del sistema y levante la  identidad popular, alcanza el más alto valor para la materialización de la ruptura de masas y el desarrollo del nuevo sujeto de las transformaciones.

La lucha ideológica comienza por nosotros mismos, porque el reduccionismo, la conciliación, el sectarismo, el acomodo y el mecanismo, también han penetrado en nuestras filas y se potencian con el debilitamiento de la vida y el debate partidario, Es obligatorio que adoptemos una clara autocritica ante estas realidades.

Colectivo Avanzar por la Unidad del Pueblo