(Colectivo Avanzar)
Un nuevo período de crisis capitalista sacude al mundo, extendiéndose desde lo económico, a lo social y a lo político.
Hace relativamente poco tiempo los sectores de clase dominantes en los países centrales se enorgullecían de estar edificando el paraíso en la tierra, con democracia y bienestar para todos los ciudadanos.

Los llamados gobiernos “democráticos” y “socialistas” no pueden contener este aluvión social y sólo apelan una y otra vez a medidas de corte neoliberal, que lo único que logran es aumentar la exclusión social, subsidiando al mismo tiempo con grandes sumas de dinero a los saqueadores del capital financiero internacionalizado, el poder real, y como es costumbre, pasándole la factura a los trabajadores.

La insensibilidad y arbitrariedad de un sistema como el capitalista, al que solamente le interesa el lucro, la ganancia máxima a toda costa, ha golpeado fuertemente a sus puertas, pero está comenzando también a golpear a sus conciencias.
Las protestas continúan extendiéndose a varias regiones, conformando coaliciones sociales cada vez más amplias (trabajadores, estudiantes, profesionales, gente del arte y la cultura, etc), y cada vez más radicalizadas en sus reclamos políticos. Es deseable que este despertar anuncie la aurora de una nueva sociedad.

Vale recordar que cuando intentaron acusar de terrorista al fallecido líder palestino Arafat, ahora comprobado que fue envenenado, este les respondió: “La diferencia entre revolucionario y terrorista reside en la razón de la lucha: quien combate por una causa justa, la liberación de su país invadido, contra la explotación y la colonización, nunca podrá ser considerado como terrorista”.

A estos tremendos hechos genocidas, denominados cínicamente “guerras preventivas”, hay que sumar las repetidas invasiones a países de América Latina, como actualmente contra el sufrido pueblo de Haití (vergonzosamente Argentina y otros países colaboran enviando tropas), la instalación de bases militares, manteniendo aún la base de Guantánamo en Cuba, utilizada como campo de concentración donde impunemente se tortura y se mata.
Toda esta grave situación no podía dejar de impactar sobre la realidad local, aunque audazmente los “economistas orgánicos” habían afirmado que estábamos blindados ante la crisis mundial.
No es casual entonces que en solo pocos meses de un importante triunfo electoral, la gestión del actual gobierno ha comenzado paulatinamente a licuar su capital político, con mayor incertidumbre y desesperanza y aumento de la conflictividad social, a lo que hay que agregarlas constantes reyertas internas, dentro del propio aparato peronista, incluyendo la división de la CGT, no por supuesto por ideales o por mejorar la situación de los más necesitados, sino mezquinamente por poder y por dinero.

Esta es la razón por la cual sufren dura represión y asesinatos los pueblos originarios de nuestra América, con el fin de robarles sus tierras.
Son muy ilustrativas las declaraciones de la CTA, de Pablo Michelli: “La presidenta revela que “solo el 19% de los empleados paga el impuesto” (a las ganancias) y que el resto, es decir el 81%, no llega a los mínimos no imponibles. La verdad es que actualmente existen 8.800.000 trabajadores (el 53,6% de la fuerza laboral), que están en situación de precariedad y el ingreso promedio no llega a los $3.000.-, cuando la canasta familiar en la Zona Metropolitana ya supera los $7.200.-
Si a esto le agregamos que en los últimos 6 meses se destruyeron casi 329.000 puestos de trabajo, tenemos una radiografía del problema social en la Argentina.” (Acta del 21/7/12).
Si vastos sectores de la sociedad esperaban algún cambio significativo en busca de una vida más digna, empiezan a sentir que nuevamente todo está quedando en un viejo sueño irrealizable, y por el contrario flota en el aire el temor a nuevos y mayores ajustes, encubiertos, como ya hemos denunciado, con el nombre de “sintonía fina”, insistiéndose que es el único rumbo posible, o sea la tan mentada “teoría del mal menor”.
Sería un grave error que un grupo de “iluminados”, dueños de la verdad absoluta, pretendan poder superar esta difícil encrucijada histórica, o por el otro lado, caer en ideas espontaneistas (como un movimiento mecánico), donde la crisis de por si abrirá las puertas a una sociedad superior, socialista.
Como ya sucedió en el pasado y está sucediendo actualmente en algunos países de Europa, puede darse cierta supuesta salida por derecha, hasta de tendencia profascista.
La historia la hacen los seres humanos, los pueblos con su pensamiento y su accionar, por lo que el gran reto sigue siendo edificar, a través de una confluencia de fuerzas, una sólida y masiva opción contra hegemónica, ideológica, política y organizativa, en el camino a la liberación nacional y social de nuestro pueblo.
Constantemente debe inquietar e iluminar nuestras conciencias, las ejemplares palabras del Che: “La revolución no se lleva en la boca para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella”.-
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