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sábado, 4 de mayo de 2013

Aproximaciones marxistas a Tolstói


(Bandera Roja)
Hace ya más de un siglo que murió León Tolstói. Su obra y su actitud insumisa, apasionó especialmente a los anarquistas que lo consideraron uno de los suyos, por lo que nos reservamos para una próxima ocasión una antología de textos anarquistas sobre Tolstói.
Pero también deslumbró como escritor a los marxistas, a Lenin y Trotsky, que bebieron en sus fuentes, y que lo citan una y otra vez a lo largo de sus escritos. Igualmente cautivó a rosa Luxemburgo cuyos textos sobre literatura parecen bastante olvidados. Esta recopilación está limitada a los dos estrategas de la revolución, de los primeros gobiernos soviéticos, la guerra civil, y las actividades de la III Internacional. Todos ellos han sido publicados en Kaosenlared en diversos momentos.
De alguna manera, la recopilación responde a una voluntad de desmentir unas líneas de Isaiah Berlín, quien en su famoso ensayo sobre Tolstói, El erizo y la zorra, ofrece un pie de página en el que dice: “En cuanto a los inevitables esfuerzos por relacionar las opiniones históricas de Tolstói con la de los distintos marxistas posteriores –Kautsky, Lenin, Stalin, etc-, es algo que entra más en el terreno de las curiosidades de la política o la teología que en el de la literatura” (Ed. Península, Barcelona, 2002, nota página 43).
La referencia resulta curiosa en sí misma ya que, como el que no quiere la cosa, Berlín sustituye a Rosa Luxemburgo por Kautsky, y a Trotsky por Stalin en tanto que en el etcétera habría que incluir a socialistas como Gorky, Jaurès, Georg Lukács, lista que –lo dicho- se puede hacer extensible a los anarquistas comenzando por Kropotkin, y de los que he hablado en el libro Lev Tolstói, aristócrata, cristiano y anarquista (Los Libros de la Frontera, Barcelona, 2011).
El juego de mano que convierte a Trotsky en Stalin es indigno del talento e Berlín, aunque no es tanto e sus militancias en la extrema derecha neoliberal e ilustrada de la que el peor Vargas Llosa (prologuista del libro en la edición de Península), dos ejemplos de comportamiento situado en las antípodas del aristócrata-mujik que en su fase radicalizada, la que se consagra con la novela Resurrección, y brama desde altura moral contra el zarismo, los terratenientes, los militarismos, la Iglesia podrida, el mal trato contra los animales, y también contra el capitalismo.
No vemos a Berlín o Vargas Llosa abandonando sus riquezas, y optando por una vida de trabajador que hace su pan y se arregla sus zapatos.
Los textos de Lenin. Trotsky y Rosa Luxemburgo, no son mera anécdota, tienen un nivel de conocimiento y análisis para nada esquemáticos, ni tan siquiera partidistas. Escriben desde la admiración pro el artista y el hombre, y no se olvidan de subrayar las diferencias. Cuando a Rosa un socialdemócrata petulante le sentenció que Tolstói no era “un artista”, reaccionó con violencia para clamar que había más humanidad en el último campesino que se ganaba su pan labrando la tierra que en un puñado de socialdemócratas como aquel.
Stalin, no habría que decirlo, no escribió una línea sobre Tolstói. Es más, se ha descubierto que en la edición de sus obras completas noventa volúmenes que se fue editando desde finales de los años viene hasta finales de los cincuenta, muchos pasajes “políticamente incorrectos” fueron censurados, algunos simplemente por la sinceridad con el autor de Guerra y paz se refería a las cuestiones fisiológicas.
Trotsky si que escribió, y su texto habla por sí mismo. Trotsky no ve a Tolstói como un personaje aislado socialmente, al margen del devenir de su tiempo, y mucho más menos como alguien que sufre problemas de conciencia al margen de lo sucede a su alrededor. Su visión es muy otra, es la de n lector y un estudioso “in situ”, en gran medida de un discípulo, desde luego no en las ideas cristianas y neoprimitivistas (que habría que estudiar con respeto como ha hecho José Luís Gordillo en su edición de Tolstói titulada El poder y la buena vida para Libros de la Catarata), pero sí en la pluma…Leyendo algunos de sus libros, es muy propio comentar, ¡cómo se nota que ha leído a Tolstói¡.
Tampoco han faltado historiadores y analistas que han declarado que de no haberse llevado por la pasión política militante, Trotsky hubiera sido un escrito (quizás) a la altura de un Tolstói…Trotsky tiene un escrito memorable sobre Tolstói en el que, cuando el escritor cumple ochenta años lo saluda, elogiando su literatura como un fresco social tan desgarrador como inigualable que desmenuza, sin enmascaramientos, el estado de conciencia de la sociedad. A los ochenta años, escribe Trotsky, “Tolstói puede estar vencido, pero no destruido”.
La misma frase empleará Hemingway, medio siglo más tarde, para describir al pescador de El viejo y el mar, y es que la influencia Tolstó llegó hasta rincones insospechados. 

Pepe Gutiérrez-Álvarez