LOS QUE CALLAN
Históricamente, los regímenes totalitarios han manipulado a los sectores más vulnerables de la sociedad: los jóvenes, y los pobres.

La cantidad de multimillonarios encaramados en la función pública, que jamás podrán explicar razonablemente sus fortunas, explica las gravísimas falencias del estado en seguridad social (jubilados siempre estafados), obras públicas (inundaciones con numerosas muertes y pérdidas de todo tipo por omisión de obras necesarias), transporte (catástrofe ferroviaria del Once), y un larguísimo etcétera.
Creo que a esta altura de los acontecimientos, todo ciudadano dotado de raciocinio y despojado de fanatismo, ha aprendido que la corrupción es enorme, y que la corrupción mata. Se convierte automáticamente en corrupto el que la acompaña o calla por un beneficio personal.
Se comprende que el pobre pueda tomar la dádiva que necesita, siempre y cuando no entregue su dignidad, y sepa hacerla valer como corresponde a la hora de votar. Los jóvenes por su lado, deben comprender antes que sea más tarde aun, que han sido engañados y manipulados por intereses que no los representan.
Santiago Floresa
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